Entre la Delicadeza y el Asfalto: Mi Choque Cultural en las Ventas

Mudarme a Australia y sumergirme en el mundo de las ventas me dio una lección que mi educación formal nunca pudo darme. En un lugar donde la gente camina descalza y valora la honestidad cruda, mi inclinación natural a ser delicada y humilde fue puesta a prueba. Rápidamente aprendí que, en este entorno, mi ‘cortesía’ se estaba confundiendo con inseguridad.

A veces me pongo a pensar en lo que cargamos los peruanos sin darnos cuenta. Crecimos con una “humildad” que, en el fondo, es una forma de respeto extremo, casi invisible. Somos los del “por favor”, los del “disculpe la molestia”, los que esperamos a ser invitados para pasar. En mi trabajo (Trabajo en ventas), cuando estoy en módulo y la gente se acerca, esa parte de mí brilla; cuando alguien ya está ahí, soy bubbly, hablo genial, conecto. Ahí soy la anfitriona. Pero el problema empieza cuando me toca salir de mi zona segura para entregar flyers y captar gente. Ahí es donde mi cultura y la realidad de Australia chocan de frente.

A woman sits on a rooftop with a stunning view of Cusco, Peru's historic landscape.

Aquí, en Australia, la gente camina descalza, vive sin filtros, son “wild”. Al principio, esa tosquedad me intimidaba. Yo me sentía hiper-polite, casi frágil, intentando no invadir el espacio del otro. Pero me di cuenta de algo crucial: mi exceso de cortesía se lee como inseguridad.

Cuando me acerco con demasiada delicadeza, como pidiendo permiso por existir, el otro siente que le voy a quitar tiempo o que no estoy segura de lo que ofrezco. En cambio, he empezado a entender que ser “tosca” —o mejor dicho, directa— es lo que genera seguridad en el cliente australiano. Para ellos, la claridad es honestidad. Si soy firme, si dejo de lado el rodeo y hablo con autoridad, ellos se relajan.

He tenido que aprender a “ensuciarme” un poco el lenguaje y la postura. Antes, si alguien me decía “haz esto”, yo corría a cumplirlo por esa sumisión cultural que traemos en el ADN. Ahora no. Ahora pongo límites: “No, escúchame primero, tenemos que hacer esto otro”. He pasado de ser la chica delicada que evita el conflicto a ser alguien que entiende que ocupar espacio no es molestar, es tener presencia.

A climber waves the Peruvian flag on a mountain peak with a breathtaking view of the Andes.

No es que haya dejado de ser humilde, es que he entendido que el magnetismo no viene de pedir perdón, sino de la autenticidad. A veces, para que confíen en ti, tienes que dejar de ser la persona que espera en la puerta y convertirte en la que te invita a pasar sin dudar. Quizás ser un poco más “wild” y menos “perfecta” sea, finalmente, la clave para conectar de verdad en este lado del mundo.

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